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sábado, 31 de enero de 2015

capítulo 4 - español




 
                 Deunpunto Alotro Diario 4








El viaje a Yazd lo hemos hecho, por primera vez, de día. Disfrutamos de los paisajes desérticos que atravesamos y nos deleitamos con la puesta de sol sobre las montañas áridas que rodean la villa milenaria de Yazd. Ciudad que ha visto el paso de Marco Polo y las caravanas que recorrían la ruta de la seda. Las primeras imágenes de la villa son las de una villa de ladrillos y muros de tierra, con mezquitas  llenas de mosaicos azules de una finura típica persa.


Nuestro embajador Balal, un amigo de nuestro amigo Ricard un español natural de Catalunya que conocimos en Bandar Abbas. Balal nos recibe en su trabajo, un hotel escondido en el fondo de una calle, en el corazón del centro histórico. El nos ha negociado un precio más que razonable para quedarnos en el hotel, un dormitorio para nosotros solos por menos de 5 euros al día, ¡¡desayuno incluido!!
Como acostumbramos, los primeros días están reservados al trabajo, comunicarnos por internet para seguir construyendo el proyecto con el equipo de Deunpunto Alotro y los amigos.
                                                                               
   Disfrutamos de la vista increíble que tenemos desde el restaurante del hotel donde trabajamos, ubicado en la azotea, con vistas a la bella mezquita principal, los tejados de la villa y el horizonte desértico que la rodea.
La primera vista de la villa la hicimos de noche, nos gusta perdernos por las calles retorcidas de la anciana ciudad, un escenario salido de película, viejos edificios en ruinas nos cuentan historias de nómadas que venían a vender sus productos a la ciudad.
Al día siguiente descubrimos el lado artesanal de Yazd, de una finura y una riqueza que impresiona y que apetece! Las noches son largas y animadas al lado de nuestro amigo y embajador Balal, un gran habitual del couchsurfing recibiendo a
                                                                                       viajeros aventureros.  


Nosotros queríamos pasar una noche en el desierto, pero las historias de manadas de perros salvajes y visitas nocturnas de motos nos hizo cambiar de opinión. Así que  nos hemos puesto dirección a un lugar importante del Zoroastrismo, la religión más antigua en la cuna persa. El lugar se llama las Torres del Silencio, dos muy anchos torreones en las cimas de dos colinas, en los que depositaban los cuerpos de los difuntos para permitirles el paso al otro mundo. Llegamos a las Torres del Silencio a la hora del cierre, perfecto para ver el anochecer desde las torres centenarias. No nos dejan entrar, son las 5h01 y ¡no dejan entrar a partir de las 5h! Vale, caminamos por los muros que nos separan del lugar y.... ¡¡Sorpresa!! Después de caminar no más de 300 metros el muro desaparece para dar paso a... ¡¡nada!! ¡¡Absolutamente nada!! Un muro que se termina antes de cerrar el lugar, el claro ejemplo de un muro que sirve para nada más que para hacer pagar a los turistas, ya que los locales lo conocen y todos utilizan esta entrada, así que... decidimos ser locales. Una vez dentro nos dirigimos hacia unas casas de piedras que se encuentran a los pies de las colinas, viejas casas en las que habitaron los últimos practicantes de la religión Zoroastrique.   


                                                                                       Lo primero, comer, después, buscar un lugar donde dormir
mientras otro va a buscar leña para hacer fuego, todo hay que decir que es una misión difícil encontrar en un desierto donde pocos árboles son capaces de crecer... Y es después de más de 40 minutos y algunos km recorridos que Guiller vuelve con un montón de kilos de planchas de aglomerado industrial, imposible de quemar! Solo hemos conseguido ahumar la habitación que habíamos elegido para pasar la noche. En la búsqueda de otra habitación decidimos que es el mejor momento para visitar las Torres, de noche, iluminados por la luna llena y de fondo las luces de la ciudad. Es un momento privilegiado donde rodeados de historia disfrutamos de la risa antes de acostarnos, finalmente y después de una buena búsqueda por las otras
casas en nuestra vieja ahumada habitación.


Por la mañana, un duende del lugar apaga por nosotros nuestra alarma y nos deja dormir largo y tendido, los primeros turistas nos encuentran recogiendo el campamento en el interior de la habitación histórica. Al día siguiente nos vamos a Maybod, a algunos km de Yazd. Nos esperábamos una pequeña aldea con casas tradicionales con chimeneas que permitían ventilar la casa en tiempos de calor. Pero al final nos encontramos con una ciudad, en su casco viejo hay un castillo milenario, y ¡¡sí!! Sé que repetimos milenario millones veces pero... ¡¡aquí todo es milenario!! Desde lo alto del castillo se puede ver toda la ciudad y sobre todo el casco viejo que es de lo que nosotros disfrutamos.

En la misma noche partimos dirección Bandar Abbas, la isla de Hormuz y de nuevo el calor nos esperan, ¡¡ya tenemos las chanclas en las manos!!










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